lunes, 19 de noviembre de 2012

Y hablando de padres e hijos

Los padres son los que te dan todo, para empezar, te dan la vida. Te dan sin esperar recibir nada a cambio. Son muy agradecidos. Ellos te ven crecer, desarrollarte, cambiar hormonalmente. Te ven tropezar en los baches y te ayudan a salir de ellos. Todo esto lo hacen por el amor incondicional de unos padres hacia sus hijos. Sin embargo aun así hay gente que se empeña en no ver las cosas de esta manera.


Conozco a un amigo que criticaba mucho a sus padres. Básicamente parecía que les odiaba. Creía que iban en contra de él y de su vida. Se quejaba de que cada cosa que hacían era para complicarle y hacerle más imposible su día a día. Vivía amargado por ellos, no le dejaban hacer nada y le tenían controlado en todo momento. Incluso se quejaba de que ellos querían elegirle los amigos con comentarios del tipo “¿Por qué no llamas a Fulanito  para dar una vuelta?” o “Mañana han quedado los hijos de Menganito para ir de excursión, ¿no te apetece ir con ellos?”. A mi parecer, lo que le pasaba a mi amigo era que siempre había sido un poco rebelde, y era de los típicos que se dejaba influenciar por los demás y hacía las mismas cosas que los otros hacían para no parecer menos que los demás y no sentirse fuera del grupo. En cierto sentido le gustaba pensar que se podía manejar por sí solo y no necesitaba la ayuda de sus padres para nada. Era un independiente a su parecer. Pero eso no es verdad, durante la adolescencia dependemos mucho de nuestros padres. Son lo que nos guían, nos asesoran y cada cosa que nos aconsejan o cada cosa que nos prohíben hacer es porque están pensando que es lo mejor para nosotros. Ellos no buscan nuestro mal sino todo lo contrario.

La relación de los padres con los hijos tiene que ser cercana y cálida. Para bien ser, estos se tienen que poner en la situación de sus hijos, adquirir un punto de vista que comparta algo con el del  hijo para así explicarle las cosas “desde dentro”. En cierto modo sería hacerle sentir que están en el mismo bando. De esta manera ven a los padres como un modelo a seguir. Pero hay que tener cuidado de que se llegue al extremo de que el padre quiera ser amigo de sus hijos.

Tengo otro amigo que, hace unos años, a la edad en la que mis padres intentaban meterme en la cabeza la idea de que el alcohol no es bueno y que me mantuviera alejado del tabaco, el padre de este chico, en las cenas de amigos en la bodega de su casa, se nos unía a la sobremesa y nos sacaba una botella de alcohol para que nos tomáramos todos juntos unos chupitos. Este mismo padre, un día, le llegó a comprar tabaco a escondidas de que su madre se enterara, porque en el estanco no le permitían la venta por no superar la edad de 18 años. Por lo que yo había visto dentro de mi familia esto no me parecía para nada normal. Y no es que esté criticando la forma de ser del padre, ya que ser padres no es tarea fácil y nadie enseña a serlo pero a mi parecer la relación de ese padre con su hijo me parece un extremo muy malo. Esto puede ser debido, entre muchas cosas, al miedo que le puede tener ese padre al chico a prohibirle las cosas y  que este se subleve contra él, dejando el papel de policía malo a la madre.

En determinados momentos, los padres, tienen que ser los malos, tienen que ser los que digan que no. Dar rienda suelta a el hijo es contraproducente, aunque esto lleve a más de una discusión con él, pero a la larga, cuando crezca se dará cuenta y agradecerá el hecho de que su padre no le hubiera comprado tabaco en el estanco aquel día.

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