Los padres son
los que te dan todo, para empezar, te dan la vida. Te dan sin esperar recibir
nada a cambio. Son muy agradecidos. Ellos te ven crecer, desarrollarte, cambiar
hormonalmente. Te ven tropezar en los baches y te ayudan a salir de ellos. Todo
esto lo hacen por el amor incondicional de unos padres hacia sus hijos. Sin
embargo aun así hay gente que se empeña en no ver las cosas de esta manera.
Conozco a un
amigo que criticaba mucho a sus padres. Básicamente parecía que les odiaba. Creía
que iban en contra de él y de su vida. Se quejaba de que cada cosa que hacían
era para complicarle y hacerle más imposible su día a día. Vivía amargado por
ellos, no le dejaban hacer nada y le tenían controlado en todo momento. Incluso
se quejaba de que ellos querían elegirle los amigos con comentarios del tipo
“¿Por qué no llamas a Fulanito para dar
una vuelta?” o “Mañana han quedado los hijos de Menganito para ir de excursión,
¿no te apetece ir con ellos?”. A mi parecer, lo que le pasaba a mi amigo era
que siempre había sido un poco rebelde, y era de los típicos que se dejaba
influenciar por los demás y hacía las mismas cosas que los otros hacían para no
parecer menos que los demás y no sentirse fuera del grupo. En cierto sentido le
gustaba pensar que se podía manejar por sí solo y no necesitaba la ayuda de sus
padres para nada. Era un independiente a su parecer. Pero eso no es verdad,
durante la adolescencia dependemos mucho de nuestros padres. Son lo que nos
guían, nos asesoran y cada cosa que nos aconsejan o cada cosa que nos prohíben
hacer es porque están pensando que es lo mejor para nosotros. Ellos no buscan
nuestro mal sino todo lo contrario.
La relación de
los padres con los hijos tiene que ser cercana y cálida. Para bien ser, estos
se tienen que poner en la situación de sus hijos, adquirir un punto de vista
que comparta algo con el del hijo para
así explicarle las cosas “desde dentro”. En cierto modo sería hacerle sentir
que están en el mismo bando. De esta manera ven a los padres como un modelo a
seguir. Pero hay que tener cuidado de que se llegue al extremo de que el padre
quiera ser amigo de sus hijos.
Tengo otro
amigo que, hace unos años, a la edad en la que mis padres intentaban meterme en
la cabeza la idea de que el alcohol no es bueno y que me mantuviera alejado del
tabaco, el padre de este chico, en las cenas de amigos en la bodega de su casa,
se nos unía a la sobremesa y nos sacaba una botella de alcohol para que nos
tomáramos todos juntos unos chupitos. Este mismo padre, un día, le llegó a comprar
tabaco a escondidas de que su madre se enterara, porque en el estanco no le
permitían la venta por no superar la edad de 18 años. Por lo que yo había visto
dentro de mi familia esto no me parecía para nada normal. Y no es que esté
criticando la forma de ser del padre, ya que ser padres no es tarea fácil y
nadie enseña a serlo pero a mi parecer la relación de ese padre con su hijo me
parece un extremo muy malo. Esto puede ser debido, entre muchas cosas, al miedo
que le puede tener ese padre al chico a prohibirle las cosas y que este se subleve contra él, dejando el
papel de policía malo a la madre.
En
determinados momentos, los padres, tienen que ser los malos, tienen que ser los
que digan que no. Dar rienda suelta a el hijo es contraproducente, aunque esto
lleve a más de una discusión con él, pero a la larga, cuando crezca se dará
cuenta y agradecerá el hecho de que su padre no le hubiera comprado tabaco en
el estanco aquel día.

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